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Otto Skorzeny, héroe o villano


Otto Scorzeny héroe o villano

Por casualidades de la vida, he querido incluir en este blog algo que tenía guardado desde casi niño y que con el paso del tiempo he ido recordando y dándome cuenta de la singularidad de este personaje.
Conocí a Otto Scorzeny, pues él, trabajaba como ingeniero o al menos eso pensaba yo, en el pasaje la Montera en Madrid y era cliente del establecimiento donde yo trabajaba, ubicado en el mismo pasaje.
Muchas veces me contó como aterrizó en el Gran Sasso para liberar a Mussolini, y como al salir del Gran Sasso con él, la avioneta no tenía espacio para coger velocidad y cayeron durante un tiempo al vacío hasta que pudo coger altura.

"Acaba usted de llevar a cabo, felizmente, una hazaña militar que, a partir de este momento, formará parte de la historia. Me ha devuelto a mi amigo Mussolini, por lo que, en agradecimiento a sus servicios, le condecoro con la "Cruz de Caballero" y le asciendo a comandante de las SS. Acepte mis más calurosas felicitaciones". -Adolf Hitler

Otto Skorzeny retrató su vida hasta 1948 -año en el que abandona su celda de Núremberg- en sus memorias Vive peligrosamente y Luchamos y perdimos. Nacido en Viena, en 1908, en el seno de una familia burguesa. En su juventud decidió seguir los pasos de su padre, ingresando en la Universidad de Viena para estudiar ingeniería. Allí comenzó a participar en duelos de espadas, actividad que le valió las cicatrices de su mejilla izquierda, ganándose el apodo por la prensa, años más tarde, como Scarface.
Ideológicamente, habiendo crecido en un ambiente muy nacionalista, comulgó pronto con el nazismo y la tesis de unificación entre Alemania y Austria. De hecho, ya en 1932, Skorzeny acudió a un acto del partido nazi en Viena, afiliándose tanto al partido como a las SS. En Vive peligrosamente se atribuye un papel importante en la caída del gobierno durante el Anschluss de 1938, al encargársele la vigilancia del depuesto presidente Miklas.

En 1939, Skorzeny trabajaba como ingeniero. Tras el estallido de la guerra, se enroló en las Waffen SS, participando en las campañas de Francia, Yugoslavia y Rusia, tal y como narra en sus memorias, plagadas de hechos pintorescos como su ejecución de un tigre en Burdeos. Para muchos estudiosos, estas memorias presentan inexactitudes y exageraciones que buscarían elevar su figura y la del nacionalsocialismo, considerando incluso que se trata de una invención en toda regla.

El rescate de Mussolini (Operación Eiche), 1943
En septiembre de 1939, en una decisión que sólo sorprendió a Hitler ligeramente, Italia se negó a entrar en la II Guerra Mundial, debido a su falta de preparación para acciones militares a gran escala en el continente europeo. El dictador italiano Benito Mussolini hizo, sin embargo, declaró la guerra a Francia y Gran Bretaña en junio 1940, después de que Francia hubiera caído ya prácticamente derrotada frente a los alemanes. En octubre de 1940, Italia invadió Grecia desde Albania, país que había ocupado rápidamente en abril de 1939. Pero tanto el plan de invasión, mal diseñado y encarado a la estación invernal, como la inadecuada preparación del ejército italiano, llevaron a una exitosa defensa por parte de los griegos, que llegaron a penetrar en territorio albanés. 
Aunque Alemania, inicialmente, no tenía planes de intervención armada en la Península de los Balcanes, Hitler pensó en matar varios pájaros de un solo tiro en la primavera de 1941, invadiendo Yugoslavia y Grecia: por una parte, podría sacar a su aliado italiano del atolladero griego en que se había metido; por otra, convertir Yugoslavia y los Balcanes en zona ocupada serviría para proteger los campos de petróleo de Rumanía, principal fuente de combustible del Eje; además, quedaría asegurado el flanco meridional del despliegue alemán frente a la próxima campaña contra Rusia, en avanzado estado de preparación. Finalmente, la Wehrmacht alemana ocupó Yugoslavia y Grecia, solventando el problema de los italianos, pero cortando su expansión por el Mediterráneo oriental.


La guerra de Italia en el norte de África en 1940, que era una prolongación de los conflictos coloniales iniciados con la Guerra Italo -Turca de 1912 por la posesión de Libia, la enfrentó con Gran Bretaña, militarmente asentada en Egipto y muy pendiente de proteger el Canal de Suez. Los planes de invasión del Egipto británico desde la Libia italiana no salieron, ni mucho menos, tan bien como Mussolini había esperado. Una vez más, Alemania tuvo que apoyar con sus propias fuerzas armadas a las italianas en apuros. De ello se encargaron el general Erwin Rommel y el Afrika Korps, un contingente acorazado de gran movilidad. A diferencia de lo ocurrido en Grecia, las fuerzas del Eje en el Norte de África fueron finalmente derrotadas por los aliados, reforzados por la presencia norteamericana a partir de noviembre de 1942 (Operación Torch, desembarcos norteamericanos en Orán y Casablanca), y desde allí lanzaron una invasión de Sicilia, ejecutada a comienzos del verano de 1943. 
La caída de Sicilia, relativamente rápida, fue un golpe tan devastador para la moral italiana, que en julio de aquel año el rey de Italia, Vittorio Emanuele III, persuadió al Gran Consejo Fascista y a la cúpula de las fuerzas armadas italianas de que Italia debía evitar convertirse en campo de batalla entre Alemania y los angloamericanos asentados en Sicilia. El principal obstáculo a los planes del rey era Benito Mussolini, primer ministro con poderes dictatoriales desde 1922, al que obedecían las masas del Partido Fascista, y que estaba personalmente empeñado en la alianza con Hitler, y en la continuación de Italia en la II Guerra Mundial, en el bando del Eje.

 

El 24 de julio de 1943, el primer ministro italiano Benito Mussolini fue depuesto y detenido después de una audiencia con el rey Vittorio Emanuele III. Tres horas después de su detención, el rey anunció la orden de cese de Mussolini en la radio. El líder alemán Adolf Hitler, que se había entrevistado en persona con Mussolini el 19 de julio anterior, reaccionó con indignación. El 26 de julio, ordenó que Mussolini fuese rescatado de su cautiverio y entregado a Alemania. Para dirigir la misión de rescate fue elegido el general de los "Fallschirmjäger" (paracaidistas) Kurt Student, que fue aceptado de inmediato por Hitler: "[Student] es el hombre adecuado para este tipo de cosas", dijo Hitler.

El nombre en código del plan de rescate fue "Operación Eiche" (Roble): Student recibió el cometido de encontrar y rescatar a Mussolini, y como objetivo secundario también se le instó a tomar el control militar de Roma, en caso de que se presentase la oportunidad. Dispuesto a monopolizar la fama y el prestigio político que un golpe tan espectacular podía generar, el "SS Reichsführer" (Jefe del Reich de las SS) Heinrich Himmler insistió en que tropas de las SS participasen en la operación, a lo que Hitler accedió. El hombre de Himmler en la operación fue el hábil e inteligente coronel Otto Skorzeny, carente de experiencia en acciones encubiertas, quien prudentemente delegó la iniciativa en subalternos más preparados que él mismo durante la fase de planificación de la operación, manteniéndose en segundo plano respecto de los planificadores del general Student.

Skorzeny fue llamado a la "Wolfsschanze" ("Guarida del Lobo", nombre en clave del cuartel general de Hitler) en Prusia Oriental, durante la planificación de esta operación, y Hitler le habló apasionadamente sobre la importancia de rescatar a Mussolini: "Mussolini, mi amigo y leal camarada de armas, fue depuesto ayer por su rey y detenido por sus propios compatriotas. No puedo permitirlo, y no voy a dejar al hijo más grande de Italia en la estacada. Para mí, el Duce es la encarnación de la antigua grandeza de Roma. ¡Italia bajo el nuevo gobierno monárquico nos va a abandonar! Voy a mantener la fe en mi viejo aliado y querido amigo, que debe ser rescatado rápidamente, o será entregado a los aliados." En una reunión posterior con Hitler, Skorzeny observó lo mucho que Hitler valoraba su amistad con Mussolini: "Había un tono tan cálido, una inflexión tan humana en su voz, cuando hablaba de la lealtad a su amigo italiano, que me conmovió profundamente", recordó Skorzeny en sus memorias.


Los esfuerzos iniciales de búsqueda para localizar a Mussolini no fueron alentadores. La inteligencia alemana en Italia tenía muy poca información útil sobre el paradero del ex primer ministro italiano. Skorzeny, consciente de la apuesta política de Himmler, envió a sus propios agentes para reunir información, pero fracasaron igualmente. Según los rumores que circulaban, y otras fuentes poco fiables, las fuerzas leales al rey de Italia podrían haber recluido a Mussolini en lugares tan dispares como Ventotene, la Isla de Elba, Santo Stefano o La Spezia, así que hubo que desplegar agentes alemanes a lo largo y ancho de toda Italia para investigar el paradero del Duce. De hecho, Mussolini había estado entre el 28 julio y el 7 de agosto confinado en la Isla de Ponza; a continuación, había sido trasladado a la Isla de La Maddalena, frente a las costas de Cerdeña. A mediados de agosto, Skorzeny se enteró de que Mussolini estaba en La Maddalena por medio de un alemán, el "Hauptmann" (Capitán) Hunäus, oficial de enlace alemán en el ejército italiano.

Hunäus informó de que "un preso especial" era custodiado allí, y Skorzeny viajó a la isla acompañado de un tal "Leutnant" (Teniente) Warger, llegando discretamente en un dragaminas alemán; disfrazado de oficial de bajo rango, Skorzeny comenzó a recopilar información, directamente sobre el terreno. Averiguó que un comerciante local suministraba frutas y verduras diariamente a los militares italianos en un lugar llamado "Villa Weber", donde los alemanes sospechaban que estaba retenido Mussolini. Skorzeny lo abordó disimuladamente, comentando que probablemente habrían ejecutado a Mussolini, ya que nadie sabía nada de él desde que fuera cesado por el rey. Según las memorias de Skorzeny, el tendero se enzarzó en la conversación llegando a apostar que Mussolini estaba vivo, porque él lo había visto poco antes, ese mismo día.

Sin embargo, este golpe de suerte no pudo ser aprovechado por los alemanes: los italianos trasladaron a Mussolini al Lago Bracciano, al noroeste de Roma, el 28 de agosto, antes de que los alemanes pudieran hacer sus primeros movimientos para secuestrarlo. El 1 de septiembre, apenas tres días más tarde, Mussolini volvió a ser trasladado por sus guardianes, llegando al Hotel "Campo Imperatore" (también conocido como "Il Albergo", El Refugio) en la cumbre del Monte Gran Sasso, en el interior de los Montes Apeninos. El 8 de septiembre, los alemanes ya sabían que Mussolini había sido encarcelado en el hotel situado en la cima de aquella montaña.

 

El 8 de septiembre 1943 se hizo pública la capitulación de Italia frente a las potencias aliadas, Gran Bretaña y los Estados Unidos. Los planes alemanes para ocupar Roma, y otras zonas clave para la conservación del norte y el centro de Italia bajo ocupación, tomaron brevemente prioridad sobre el rescate de Mussolini, pero no pasó mucho tiempo antes de que el general Student pudiera concentrarse de nuevo en la misión de rescate. Éste temía que, ahora que Italia había cambiado de bando, Mussolini estuviera a punto de ser entregado a los aliados occidentales. Urgía pues emprender el rescate, prácticamente contra el reloj.

Cuando Student obtuvo el 11 de septiembre la confirmación de que Mussolini estaba efectivamente en "Il Albergo" del Gran Sasso, ordenó a su jefe de operaciones, el "Major" (Mayor, grado equivalente al de Comandante) Harald Mors, que el rescate diese comienzo a las 07.30 horas del día siguiente, un plazo muy corto para planear la acción. El Mayor Mors, echando mano de su profesionalidad y experiencia, trazó un plan para el aterrizaje de doce planeadores en un pequeño campo abierto cercano al hotel. A bordo irían tres pelotones de paracaidistas de la Luftwaffe y un pelotón de las SS. El pequeño espacio que serviría para aterrizar había sido localizado mediante fotografías aéreas tomadas el 8 de septiembre. Los paracaidistas iban bien armados con fusiles de asalto, ametralladoras y granadas, y contaban con médicos propios por si había que asistir a Mussolini, en caso de que fuese herido por sus guardianes para evitar su fuga. Las tropas de las SS, por su parte, iban sólo ligeramente armadas y tenían mucha menos experiencia que los paracaidistas en asaltos por sorpresa.

Skorzeny, que puso tanto énfasis en publicitar sus logros personales como en asegurar el éxito de la misión, interfirió en la planificación e insistió en prescindir de varios paracaidistas para incluir al fotógrafo y reportero Toni Schneiders en el destacamento de las SS. En sus memorias, Skorzeny afirma que Toni Schneiders fue incluido en la misión por su adjunto, Karl Radl, para ocultar su deseo de autopromoción. El general Student, molesto por la injerencia de Skorzeny, pero confiando en que sus veteranos podrían cumplir la misión, estuvo de acuerdo con la sugerencia de Skorzeny, evitando enfrentarse al protegido de Himmler.

Un segundo componente de la fuerza de rescate, integrado por una veintena de vehículos de transporte de tropas, fue preparado para apoderarse del teleférico del Monte Gran Sasso, única vía de acceso terrestre a la cima de la montaña y al Hotel Campo Imperatore. A Harald Mors y Georg Berlepsch, planificadores de Student para la Operación Eiche, no les cabía en la cabeza que Skorzeny, sus SS y su personal de propaganda hubieran dejado fuera de la misión a una veintena de paracaidistas veteranos, mucho más capaces y necesarios para su éxito. El general Student, igual de frustrado, pero mucho más confiado en sus hombres, animó a sus planificadores tácticos: "[Skorzeny] no tiene capacidad para interferir, y no participará más que en calidad de observador", dijo, prometiendo que Skorzeny no supondría ningún obstáculo cuando comenzase la misión.

Por parte italiana, cerca de un centenar de Carabinieri guardaban el edificio del Campo Imperatore en sí, mientras que otro centenar aproximado custodiaba la estación terminal al pie del teleférico del Gran Sasso. Para los alemanes, la combatividad de estos carabinieri suponía una incógnita, pero sus prejuicios sobre los italianos les hacían pensar que no plantearían una resistencia digna de tal nombre; también cabía pensar que no combatirían de forma decidida, dado que se trataba de fuerzas de policía, poco seguras de sus órdenes, de la legitimidad de sus superiores y de la evolución de la crisis política en curso.

Cuando la operación se inició el 12 de septiembre 1943, la columna terrestre alemana tomó un rodeo hacia el Gran Sasso, para evitar posibles obstáculos dispuestos por las fuerzas italianas leales al rey, que resistían frente a las tropas alemanas empeñadas en asegurar la zona de ocupación. La gran columna alemana llamó la atención del prefecto de la policía italiana en la localidad de L'Aquila, Rudolfo Biancorosso, que alertó de su presencia por radio al Inspector General Giuseppe Gueli, destacado en el Hotel Campo Imperatore. Gueli bajó a la estación del pie del teleférico para recibir nuevos informes, más detallados, de Biancorosso.



Después volvió a subir a la cumbre, y reforzó el cuerpo de guardia en la estación superior con unos cuarenta hombres adicionales. Sin embargo, no ordenó a sus oficiales que dieran la alarma, ni preparó una posible evacuación de Mussolini fuera del alcance de los alemanes. Tuvo tiempo de ordenar a los guardias que preparasen un convoy de montaña en previsión de que los alemanes capturasen las estaciones del teleférico pero, insistimos, no hizo nada. Alrededor de las 14.00 horas del 12 de septiembre de 1943, la columna terrestre alemana llegó a la estación del pie del teleférico. Un breve tiroteo dispersó a los carabinieri italianos que la defendían, y a las 14.17 horas los alemanes dieron por radio la señal de finalización de su misión con éxito.

Más o menos al mismo tiempo, de acuerdo con las memorias de Skorzeny, Mussolini se asomó por una ventana en la parte delantera del Hotel Campo Imperatore, en la cumbre del Gran Sasso: "¡Aléjese de la ventana!", le gritó Skorzeny. El segundo al mando de los carabinieri en el hotel, el Tenente Faiola, se hizo cargo de la situación e irrumpió en la habitación de Mussolini -a quien tenía la misión de vigilar personalmente- dudando de la necesidad de ejecutar al Duce si las tropas alemanas conseguían entrar en el edificio. Mussolini, presintiendo el peligro, amenazó a Faiola asegurándole que si él moría a manos de los guardias, las tropas alemanas seguramente asesinarían a toda la fuerza de carabineros presente, como represalia.

Aunque los paracaidistas de la Luftwaffe ejecutaron el plan de la misión con mucha mayor eficacia que los soldados de las SS, fueron Skorzeny y sus hombres los que llegaron primero a la entrada principal del hotel. Ésta había sido bloqueada desde el interior por los carabinieri con muebles, de modo que los hombres de las SS, que no portaban granadas de mano, no podían entrar; Skorzeny alegó más adelante que él les había ordenado evitar cuidadosamente el uso de armas de fuego, con el fin de asegurar el elemento sorpresa; sea como fuere, los hombres de las SS no podían entrar en el edificio, detenidos por una simple barricada improvisada. Al darse cuenta de que algunos de los guardias italianos situados fuera del edificio, o bien mostraban una actitud confundida, o bien habían abandonado las armas por completo, Skorzeny subió por el costado del edificio y llegó a la habitación de Mussolini desde el exterior: "¡Duce, el Führer me ha enviado para rescatarlo!", dijo. "¡Sabía que mi amigo Adolf Hitler no me abandonaría!", respondió Mussolini. Eran cerca de 14.15 horas, unos 10 minutos desde que aterrizara Skorzeny.

Casi al mismo tiempo, la estación inferior del teleférico caía en manos de la columna alemana de asalto terrestre. Skorzeny también afirmó haber observado el aterrizaje de los planeadores nº 6, 7 y 8 a través de una ventana. Toda la "Operación Eiche" en el Hotel Campo Imperatore terminó sin dispararse un solo tiro, lo cual sin duda aseguró la supervivencia de los carabinieri, poco interesados en representar un papel heroico. El único disparo realizado en toda la mañana fue casual e inocuo, hecho cuando un paracaidista apretó el gatillo de su subfusil por accidente cuando salía de uno de los planeadores.

A las 15.00 horas, Skorzeny salió del edificio del hotel dando escolta a Mussolini, en medio de un ambiente distendido y de alivio general. Los italianos y los alemanes, tal vez porque habían sido aliados hasta prácticamente el día anterior, estaban en ese momento en buenos términos mutuos, una vez más. Al menos una de las fotografías tomadas por el reportero Toni Schneiders, y titulada "Carabinieri de la guardia del hotel", los presenta todavía armados con sus armas reglamentarias, pero posando tranquilamente con Skorzeny y Mussolini, todos juntos alemanes e italianos. Fuera de cámara, algunos de los alemanes y los italianos estaban bebiendo vino juntos, según las memorias de Skorzeny. El cálculo alemán de que los italianos no ofrecerían resistencia se cumplió enteramente.



Mientras Skorzeny se aseguraba de aparecer en un lugar destacado en las fotografías que iba sacando Schneiders, Mussolini afirmaba encontrarse un poco molesto por la presencia de un fotógrafo en esta operación de rescate, que hacía aparecer todo aquello como un mero espectáculo. A las 15.15 horas, después de muchas fotografías, Mussolini y Skorzeny subieron a bordo de una avioneta Fieseler Storch de la Luftwaffe que había llegado a las 14.50 horas a las inmediaciones del hotel. Tras un breve vuelo, ambos hombres llegaron a Pratica di Mare a las 16.15 horas; Mussolini y su "rescatador" fueron transferidos a un bombardero He 111, y despegaron hacia Alemania vía Viena.

Mientras tanto, en la cima del Monte Gran Sasso, el Major Harald Mors ordenó a sus hombres que quemasen los planeadores para evitar su captura por el enemigo, fuera éste las fuerzas monárquicas italianas o las angloamericanas. Hacia las 19.00 horas, alemanes e italianos habían abandonado de la cima de la montaña utilizando el teleférico. En la mañana del 13 de septiembre, la columna motorizada alemana abandonó la estación inferior del teleférico con todo el personal alemán involucrado en la operación.

Después de la entrega de Mussolini a Hitler en persona, en el cuartel general de éste en Rastenburg el 15 septiembre, Himmler trató de explotar al máximo el éxito de la Operación Eiche, atribuyendo todo el mérito a las SS. Hitler aportó su beneplácito, otorgando a Skorzeny la Cruz de Caballero ("Ritterkreuz") de la Cruz de Hierro (los portadores de la "Ritterkreuz" eran una élite dentro de los condecorados con la Cruz de Hierro -en alemán "Eisernes Kreuz"-, una especie de Orden Especial dentro de los condecorados) por el éxito de la operación. El Major Harald Mors, furioso porque Skorzeny acaparase toda la reputación por el éxito de la operación, a pesar de su torpeza en el inicio de la misión -que muy bien podría haber destruido todas las posibilidades de éxito-, se quejó agriamente ante el general Student. Éste rápidamente trasladó sus quejas al "Reichsmarschall" Hermann Göring (más conocido como Goering), jefe supremo de la Luftwaffe, pero Göring, siguiendo su fino instinto político, no hizo nada por reivindicar el auténtico papel de sus paracaidistas. Skorzeny, finalmente, fue el gran vencedor y beneficiario del rescate de Mussolini.

Otto Skorzeny en España
Aquí rescato un genial artículo escrito por Javier Tellagorri, en el que menciona la calle Montera y ahí quiero entrar yo y mi pequeña amistad, si se puede decir eso, con Otto Scorzeny.
En la foto de abajo se puede ver el lugar donde solía venir a charlar, y a cargar reparar sus encendedores, pues era un gran fumador. Frente a esta tienda estabn las oficinas donde trabajaba.
 


Conocí a Otto Scorzeny, pues él, trabajaba como ingeniero o al menos eso pensaba yo, en el pasaje de la calle  Montera en Madrid y era cliente del establecimiento donde yo trabajaba, ubicado en el mismo pasaje.
Muchas veces me contó como aterrizó en el Gran Sasso para liberar a Mussolini, y como al salir del Gran Sasso con él, la avioneta no tenía espacio para coger velocidad y cayeron durante un tiempo al vacío hasta que pudo coger altura.

Uno de mis jefes  de la empresa donde yo trabajaba, medía casi dos metros y era amigo de Skorzeny- Al entrar como cliente y hacer alguna broma con él, solía decir Otto Skorzeny, que por la mañana media 1,89 y por la noche al acostarse no llegaba al 1,87. Le preguntábamos porqué. Yo, adolescente, me figuraba que era porque al calzarse los zapatos aumentaba de estatura, Scorzeny, con guasa, decía que se levantaba muy estirado de la cama y según pasaba el día se iban asentando sus vértebras y articulaciones y por eso se acortaba su estatura.
Yo con 15 o 16 años más o menos no sabía apenas la historia del personaje y en esos años no le di importancia. Con el paso del tiempo averigüé las andanzas de su vida y me quedé perplejo cuando supe con quien hablaba y con quien bromeaba.
Con una cámara Polaroid, mi jefe hizo algunas fotos de él y yo salía en ellas, aunque nunca me preocupé de tener alguna, quien sabe dónde estarás ahora esas imágenes, pues han pasado ya más de cuarenta años. Esto fue en el año 1972 aproximadamente.
No entro en política, solo quiero comentar esto como un personaje histórico que fue y al que conocí.

Recuerdo que nos hicimos varias fotos en Plaza del Carmen, donde salíamos mi jefe. Scorzeny y yo, pero en esos momentos de mi vida ni me preocupé de pedir las fotos para tener alguna. Ahora con el paso de los años, ya me gustaría tener ese recuerdo.
Según me contó Skorzeny, con referencia al rescate de Mussolini, después que él y el Duce habían ocupado sus puestos en la cabina del aparato que debe sacarles del Gran Sasso, vivieron todavía un breve momento de angustia. El capitán del avión duda en despegar con el aparato sobrecargado. Creo que Otto me decía que al subir a bordo dos personas más estaba sobrecargado.
El despegue fue un momento aterrador. Se quedaron sin aliento al ver como el avión vacilaba en la extremidad de la pista y desaparecía de golpe en el abismo, sin velocidad suficiente para sostenerse. Pero al cabo de unos segundos volvió a subir para sostenerse ya en el aire.

El cuerpo larguísimo de Otto Skorzeny, alias Caracortada, en la cama del Hospital Francisco Franco, era ya sólo debacle y ruina. Un cuerpo que ya no le sostenía tras varias operaciones. En el umbral de la muerte era otra persona.
Su anatomía deteriorada por un cáncer terminal no permitía reconocer al coronel que fue, al menos el nazi que rescató a Mussolini, ni al traficante de armas que negociaba en la calle Montera, tampoco a la celebrity que la prensa afín al régimen franquista presentaba, sin remilgos, como héroe de guerra.
A su lado, Ilse. Su Ilse, su esposa, la condesa von Finkenstein. A ella le había encargado que, en sus últimos años de vida, los de él, desentrañase la madeja de sus recuerdos, de sus cuentas bancarias escondidas en paraísos fiscales, de sus tierras... La tuvo, en lugar de acompañar al enfermo, viajando periódicamente a Suiza para entender el entramado financiero que era Otto Skorzeny.

Apenas lo consiguió. Tras morir su Otto, ella no pudo con su ausencia. Guardó todo en un enorme baúl oscuro. Sus fotos, sus archivos... Se dedicó a vivir. Casi tres décadas después (Otto falleció el 7 de julio de 1975], la condesa moriría desamparada
Para ella no hubo los obituarios que tuvo Skorzeny en la prensa española y mundial. Ella fallecía en la Residencia Geriátrica Asistida San Camilo (Tres Cantos, Madrid). No cumplió con la misión que Otto le encomendó tácitamente: que su nombre brillara de nuevo.
El oficial al que los aliados consideraban "el hombre más peligroso de Europa", debía siempre serlo. Ilse le falló. Y a su único amigo de entonces (el único que no le robó o estafó o se aprovechó) le regaló los archivos que Otto le había entregado.

Su amigo y su familia, quienes la salvaron de la mendicidad, fueron los únicos que asistieron a su velatorio. El amigo de Ilse no quería abrir el baúl. Temía que llegaran los nazis y le mataran. Ilse se lo había hecho saber. En esos papeles había planes de guerra, de negocios, secretos que desvelarían el rol de Skorzeny.
Los papeles fueron acumulando polvo. Hasta que en 2010, Luis M. Pardo, guardia civil y en excedencia, se dirigió a su padre y le preguntó, directo: "¿Qué vas a hacer?". El último amigo de la viuda de Skorzeny le dijo que nada, que se lo obsequiaba.

Luis comenzó a descubrir la vida que el nazi no quiso escribir. Y quedó estupefacto. Fotos inéditas, cuentas bancarias, los orígenes de su fortuna, sus aspiraciones como guionista de su propia película... Skorzeny logró la fama mundial al salvar al amigo de Hitler, Benito Mussolini.
Después de la II Guerra Mundial, se convertiría en un hombre de negocios sin escrúpulos: traficante de armas, vendedor de petróleo, representante de las empresas alemanas supervivientes a los juicios de postguerra, aliado del fundador del Club Bilderberg ... Un hombre capaz de desheredar a su única hija (la que tuvo con su anterior matrimonio).



Su centro de operaciones: Madrid. Aquí amasó una fortuna considerable. Sólo en dinero en efectivo le dejó a Ilse el equivalente a 180.000.000 de pesetas (tres millones de dólares de la época) distribuidas en cuentas del Banco Santander, Banco Comercial Transatlántico, Banco Urquijo, The Chase Manhattan Bank of New York, Banco Exterior de España (hoy BBVA), Credit Bank AG, Deutsche Bank AG West, Dresden Bank, Kredit Bank, Schwizerischer Bank-Verim-Basel, Commerzbank International, UBS...

Diferentes pisos y terrenos en Madrid, Andalucía, Irlanda, Alemania, Austria... Era accionista de infinidad de sociedades. Una estimación -a la baja- de una fortuna de más de 1.000 millones de pesetas (para comparar, en esa época, era la mitad del patrimonio de Isidoro Álvarez, consejero delegado de El Corte Inglés; y Cayetana Fitz James Stuart, duquesa de Alba, en 1978, sólo tenía 800 millones más que Skorzeny).
¿Cómo lo logró un hombre que se escapó de un campo antinazi? Franco le ayudó desde el principio de su escapada. Hay cartas de auxilio, solicitudes de salvoconductos, pasaportes emitidos con la venia de las más altas autoridades franquistas: Antonio Garrigues Walker, Juan Vigón, el cuñadísimo Ramón Serrano Súñer...
Según su partida de nacimiento, el nombre completo del coronel nazi era Otto Johann Bapt Antón Skorzeny. Pero no era su única identidad. Fue también Rolf Steinbauer, Hanna Eff Khoury, Frey Hans Rudolf, Hans R Frey...

España le dio documentación con esas falsas identidades. Con ellas negociaba, sin despertar sospechas, acuerdos comerciales del gobierno de Franco con empresas alemanas y egipcias. Era representante de compañías de alta tecnología... En 1967, se hizo público que era él quien, personalmente, negociaba el tratado hispano-anglo-egipcio de petróleo, una operación que le encargó su íntimo amigo Gamal Abdel Nasser, presidente de Egipto.

Su red de contactos impresionaba. Los documentos que encontró Luis M. Pardo desvelaban su relación con los más poderosos magnates. Como Otto Wolff von Amerongen, rostro afilado, ojos azulceleste, espía. Wolff es, además, cofundador del Club Bildenberg. Su relación está completamente probada con cartas que intercambian desde 1956. Varias de ellas desde Portugal (distintas investigaciones sobre Bilderberg han desvelado que en ese país Wolff negociaba el oro robado a los judíos y que trabajaba como doble espía.



Wolff sería el contacto de Skorzeny con la Unión Soviética, donde tenía prohibido el paso. Lo certificaban la mayoría de los pasaportes encontrados que contienen una restricción: válido para todos los países menos para Rusia.

¿Por qué? Europa y EEUU temían que Skorzeny se pudiera vender al bloque soviético... Tras la II Guerra Mundial intenta resucitar la gloria germana. Hay intensos documentos y esquemas sobre lo que él mismo bautizó como Plan Skorzeny. No era otra cosa que preparar un nuevo ejército alemán con los huidos y exiliados para detener el avance del comunismo si la URSS decidía invadir Europa (era el inicio de la Guerra Fría y había un temor fundado, basado en que fueron los rusos quienes realmente aplastaron a los alemanes, tomaron Berlín, y ganaron la guerra).

El plan fue presentado al generalísimo en 1951. Fue el germen de lo que el novelista Frederick Forsyth llamaría Plan Odessa. Lo sorprendente es la forma en que calzan determinados aspectos de la obra de Forsyth con la vida real de Caracortada.
La obra habla de una unión alemana-israelí-egipcia. Y sólo un alto cargo nazi pudo unir esos tres aspectos en su vida: Otto Skorzeny.
Amigo del presidente egipcio, era el negociador alemán por excelencia. Tendría asimismo lazos con los servicios secretos israelíes.

Colaboró con el Mossad. Lo desvelaron documentos de la KGB que filtraron esa información vía la antigua Alemania Oriental. Finalmente lo publicaron los diarios rusos Trud y Konsomolkaya: Skorzeny fue consejero de las Fuerzas Armadas de Israel en la Guerra de los Seis Días, junio de 1967, donde Israel incrementó su territorio tras vencer a una coalición formada por Egipto, Irak, Siria y Jordania.
¿Cómo y por qué Otto Skorzeny colaboraría con el Mossad? Contó Ilse que la única ocasión en que se sintió presionado fue cuando supo que Simon Wiesenthal, el celebérrimo cazanazis, vendría a Madrid a por él. El nivel de informantes de su marido era tan fiable que lo supo seis meses antes. Inmediatamente, sacó un permiso de armas, 4 de marzo de 1965. Efectivamente, el encuentro se produjo.

Wiesenthal se presentó en su vivienda de la calle Callejón de la Plana 19, Madrid (Barrio de El Viso).
"Lo contaba con lagunas su viuda, pero recordaba que estaba preparado con un rifle cargado", cuenta el dueño de la colección Skorzeny. Acostumbrado a impresionar con su estatura, Skorzeny medía 193 cm, respetaba la envergadura de Wiesenthal, 183 cm. El encuentro fue con amenazas mutuas. Así decidiría colaborar con los servicios secretos israelíes, que actuaban con el beneplácito de la CIA.
Para salvar su libertad, una vez más... Skorzeny, en los Juicios de Dachau, 1947, fue procesado por su participación en crímenes de guerra y finalmente absuelto. Se había entregado el 16 de mayo de 1945 a sabiendas de que no había apenas pruebas contra él, más que haber realizado misiones especiales como oficial de alto rango. Tras el veredicto del 47, pensó que sería libre. Erró.

Le condenaron a pasar una temporada en un campo de desnazificación. Su fecha oficial de huida es el 27 de julio de 1948, según distintos libros de historia y reportajes periodísticos. Tras eso, los aliados ordenaron a 1.500 efectivos cazarle por toda Europa.
Se hace pareja de Ilse Lüthje, condesa von Finkenstein, poco tiempo más tarde. Abandona a su mujer y a su única hija por la sobrina de Hjalmar Schacht, ministro de Economía de Hitler entre 1934 y 1937, después presidente del Reichsbank en la II Guerra Mundial. Tras la capitulación, fue exculpado en los juicios de Nuremberg. Se le permitió fundar un banco, el Deutsche Außenhandelsbank Schacht & Co.

Ilse fue clave en la vida de Skorzeny. Con ella logró conocer a la más alta aristocracia germana. Caracortada era hijo de plebeyos austriacos. Consiguió graduarse de ingeniero gracias a una mente privilegiada. Fue en la universidad donde se hizo la cicatriz que da origen a su sobrenombre. No era una marca de guerra, sino resultado de un tradicional combate con espadas entre estudiantes. Su tamaño y profundidad determinaba la bravura del universitario. Siempre se sintió orgulloso de su seña de identidad. Era causa de envidia entre los oficiales de las SS. "Me lo hicieron en un duelo y me marcaron. Pero yo también marqué a muchos", presumía.

Ilse y Skorzeny lograron cruzar todos los controles fronterizos que les pusieron los Aliados. Hasta ahora no se conocía cómo. Entre los archivos propiedad de Luis M. Pardo se encuentra la carta de identidad francesa con la imagen del coronel, pero a nombre de Rolf Steiner Hardt, número 47-AA 40533, expedida en octubre de 1949, con fecha de entrada al país el 8 de junio de 1949. Se descubre que el apoyo de España sería decisivo. Recibe de autoridades franquistas un pasaporte y un salvoconducto verdaderos a nombre de Rolf Steinbauer, de "nacionalidad alemana", válido desde septiembre de 1950. Fue emitido por el consulado general de España en Frankfurt.
Al mes siguiente Ilse y él ya estaban en Madrid. Lo certifican documentos emitidos, ya en la capital, en octubre de 1950, a nombre de la mujer del nazi. El régimen le tenía preparada una vivienda en la calle López de Hoyos 70. Su despacho, también listo, quedaba en la avenida José Antonio 14 (hoy Gran Vía). El siguiente pasaporte emitido por España ya llevaba su nombre real: Otto Skorzeny.

Ian Fleming, el espía inglés que creó el personaje de James Bond, admiraba como muchos otros a Skorzeny y el escuadrón que formó en el lado germano. Y Skorzeny con su colección de pasaportes y visados -provenientes no sólo de Europa, también de Palestina, Paraguay...-, repletos de nombres falsos, parece reclamar un lugar como uno de los más destacados agentes secretos de la Historia.
Uno que, además, no desaprovechaba la oportunidad para obtener beneficios. Llegaría a España para hacerse rico y disfrutar su dinero como un espía playboy: yates, mansiones, alcohol, mujeres...



Las cartas halladas entre Skorzeny y Alfried Krupp von Bohlen und Halbach demuestran la relación entre el ex oficial nazi y el empresario condenado en Nuremberg... Por suministrar armas al III Reich y por "trato inhumano a los prisioneros de guerra que trabajaron en su compañía". Skorzeny se convirtió en su delegado comercial. Su radio de acción iba desde Argentina a Egipto. Cabe señalar que Skorzeny negociaba ya productos de la compañía en España -al menos desde 1954- y Krupp recién inauguró una filial en el país cuatro años después de la muerte de Caracortada. Según la prensa francesa, ese año, a Skorzeny lo habían tentado por 500 millones de francos para rescatar al sultán Ben Yussef de Marruecos (abuelo del actual monarca Mohamed VI), exiliado a la fuerza.

Ese mismo año, en enero, termina el guión de su película. Un filme que tituló Special Mission. Detalla cómo Hitler le encarga salvar a Mussolini, 25 de julio de 1943 .
"El Führer: Capitán Skorzeny... tengo para usted una misión importante. Mussolini, mi amigo, nuestro fiel compañero de lucha, ha sido traicionado ayer por su rey... Es pues preciso que sea salvado rápidamente. Skorzeny: Haré cuanto pueda.
Da un golpe leve de tacón y se retira a cumplir una de las misiones secretas más analizadas de la Historia. Un puñado de soldados dirigido por Skorzeny rescatan, sin disparar siquiera, en septiembre de 1943, al Duce de su refugio en el Gran Sasso, en plena cordillera de los Apeninos. Los nazis lo convirtieron en héroe.

En 1966 recibe la carta del hijo de su mayor enemigo, Eisenhower. Distintos informes de la inteligencia aliada demostraron que Skorzeny tenía la misión de matarle en la operación Greif, en 1944. Su escuadrón debía asesinarle por sorpresa. Violando los códigos de guerra, un grupo de 80 soldados alemanes con perfecto dominio del inglés se disfrazaron como miembros del ejército americano y británico. La misión: asesinar a Eisenhower. No tuvo éxito. A pesar de ello, se le consideró desde entonces "el hombre más peligroso de Europa" para los servicios secretos aliados.
Desde 1972, Ilse prácticamente se pasó esos años en Zurich, Suiza, intentando desenmarañar las cuentas familiares. El cáncer de Skorzeny se había propagado a los bronquios. Pero él, fumador empedernido, no dejó de fumar tabaco ni cuando le aplicaban radioterapia. Su cuerpo maltrecho por la enfermedad hizo más notorias sus cicatrices de guerra de la frente, el brazo y el tórax.

En la habitación 388 de la Ciudad Sanitaria Francisco Franco dio las últimas instrucciones a Ilse. Le recordaría su baúl de recuerdos. Las cuentas en Suiza, en Nueva York, en Alemania... Allí lo tenía todo, hasta las cartas de amor que le dedicó antes de su boda. El 5 julio de 1975 murió, a los 67 años, sin responder a las preguntas fundamentales sobre su biografía.
Su mujer derrochó la inmensa fortuna que le dejó. Fue estafada una y otra vez. Sobrevivió porque el único ingreso fijo que tenía, a partir de la muerte de Skorzeny, fue una suculenta pensión que cobraba de la sociedad suiza Panix Finanz AG. El representante legal de esta empresa en España era un ex ministro franquista, hoy directivo de dos empresas del Ibex-35.

Fotos originales del archivo alemán.