La mayor parte de nuestro conocimiento social, así como
nuestras creencias sobre el mundo, emanan de las informaciones que leemos o
escuchamos a diario. Es muy probable que no exista otra forma de conocimiento,
salvo al que nosotros podemos acceder de forma directa, o sea, viendo, tocando
y sintiendo. Incluso de esta manera no todo lo que podemos observar de forma
directa, es lo que realmente existe, pues siempre recibiremos las cosas desde
nuestro punto de vista y forma de pensar y creer.
A pesar de todo, esta página lo único que hará será exponer
aquellos sucesos que trascienden a consecuencia de su singularidad, la cual los
hacen sobresalir de los hechos normales y cotidianos de cada día. Espero que
les sea al menos, interesante.
Shackleton Expedición a la Antártida
Se buscan hombres para viaje peligroso, sueldo escaso, frío extremo, largos meses de completa oscuridad, peligro constante, no se asegura el regreso, honor y reconocimiento en caso de éxito. A este anuncio en el Times respondieron más de cinco mil aspirantes.
Su anunciante era Shackleton y, a pesar de la dureza del trabajo que se ofrecía, al mismo respondieron toda clase de aventureros, marineros, científicos, médicos, exploradores y hasta mujeres.
Al final, tan solo 27 de los aspirantes fueron los seleccionados para constituir la tripulación, que le acompañaría en su tercer y más rememorado asalto a las tierras del sur.
Embarcados en el Endurance en los años siguientes habrían de vivir una de las experiencias más difíciles y apasionantes de la historia de las grandes exploraciones. Y Ernest Shackleton se convirtió en un símbolo de cómo el optimismo, la confianza en uno mismo y la capacidad de resistencia pueden convertir el fracaso en el mayor de los triunfos.
En una época en la que la navegación se realizaba con sextantes y brújulas, la historia de la conquista de las regiones polares está llena de relatos sobre grandes gestas perpetradas por grupos de hombres que, decididos a adentrarse en las tierras más inhóspitas del planeta, se enfrentaron a las adversidades más extremas. Llegando, en algunos casos, a perder su vida en el intento, por el honor y el reconocimiento.
Amundsen alcanzó el Polo Sur en 1911, Scott llegó en 1912 muriendo en el intento; tras esto, cruzar la Antártida se convirtió en el último gran desafío en el último gran confín de la Tierra. Una empresa en la que pondría especial empeño el explorador irlandés Shackleton.
Anteriormente, el prestigioso explorador había sido tercer oficial de cubierta de Robert Scott en la Expedición Discovery y llevó a cabo un segundo intento por alcanzar el Polo Sur con la Expedición Nimrod, siendo esta la primera de las tres que él capitaneó y, aunque no consiguió alcanzarlo, llegaron hasta el punto más meridional jamás pisado por el hombre en la Antártida, a tan solo unos kilómetros del ansiado polo.
Sin embargo, una intensa atracción por aquellos parajes helados, el afán por lo desconocido y las ansias de pasar a la Historia, llevaron a Ernest Shackleton a buscar otra oportunidad de que su nombre quedase grabado en la memoria universal de las exploraciones antárticas. Y vaya si lo consiguió.
Aunque la inmortalidad no le vendría dada por cruzar el continente, ya que en esta ocasión ni siquiera llegó a poner un pie sobre él, sino por su heroica gesta.
Tras meses de esfuerzos, con la ayuda del gobierno británico y de diversas personalidades e instituciones influyentes, su ambicioso y arriesgado proyecto tomó forma. Inicialmente, el plan trazado era el siguiente: navegación de Plymouth a Buenos Aires, desde ahí y pasando por las Georgias del Sur, atravesarían el Mar de Weddell y cruzarían a pie la Antártida hasta llegar al Mar de Ross, al otro lado del continente, donde los esperaría otro barco de apoyo.
Queda ahora la expedición más importante: la travesía del Continente Antártico. Desde el punto de vista sentimental, esta es la última gran expedición polar que se puede llevar a cabo. Será más importante que el viaje de ida y vuelta al polo y considero que debe lograrlo la nación británica, pues se nos adelantaron en la primera conquista del Polo Sur y la conquista del Polo Norte”, afirmó el explorador.
Para esta aventura, Shackleton compró un buque rompehielos construido por manos noruegas, que fue botado, inicialmente, como Polaris. Más tarde, Shackleton lo rebautizó dándole el nombre de Endurance, que significa resistencia.
La nave medía 43,9 metros de eslora y 7,6 metros de manga con un desplazamiento de 356 toneladas. Fue diseñado para perdurar en condiciones extremas declima polar. Su quilla estaba formada por cuatro piezas de roble macizo, una encima de otra, hasta un grosor algo más de dos metros, mientras que sus costados medían entre 70 y 46 centímetros ancho, con el doble de marcos de lo normal, teniendo éstos el doble de grosor.
Había sido construido con tablas de roble y abeto noruego de más de 15 centímetros de grosor, enfundados en palo verde una madera notablemente dura y resistente. A su arco, punto donde entraría en contacto con el hielo, se le había prestado especial atención. Cada listón fue realizado de un único roble, escogido por su forma, de modo que su estructura natural concordase con la curva del diseño de la nave. Una vez situadas en conjunto, las piezas tenían un grosor de casi un metro y medio. De sus tres mástiles, el trinquete era de aparejo redondo y velas cuadras, mientras que los el mayor y mesana llevaban velas de popa, como una goleta.
Envueltos en este romántico e intenso espíritu aventurero, con una promesa de gloria y fama más bien difusa y con la tripulación enrolada, la expedición , estaba lista para viajar rumbo al sur.
Para este tercer gran asalto, Shackleton contaba entre sus hombres con, Frank Wild, como segundo comandante, Frank Worsley como capitán y con el fotógrafo, Frank Hurley, que documentó la expedición.
Además, el propósito del viaje tenía, también, tintes de índole científica, ya que en el buque viajaban cuatro científicos: Robert S. Clark, biólogo; Leonard Husseo, meteorólogo; James Wordie, geólogo y Reginald James, físico.
En agosto de 1914, zarpaba el Endurance. A pesar de que en el hemisferio sur estaba comenzando el verano, las temperaturas eran mucho más frías de lo habitual, por lo que en las islas Georgias del Sur unos balleneros de la zona advirtieron a la tripulación sobre la dificultad de atravesar las islas Sandwich del Sur, aconsejándoles que no emprendieran el viaje hasta pasados unos meses.
Nadie como ellos conocía aquellas aguas y sus interminables peligros, sin embargo, haciendo oídos sordos a sus consejos, Shackleton dio la orden de zarpar el 5 de diciembre de 1914. Pocos días después, llegó el desastre.
Después de navegar con dificultad por el Mar de Weddell, el avance se detuvo por completo y el mar de hielo, que se extendía hasta donde alcanzaba la vista, se cerró alrededor del Endurance, convirtiéndose en una cárcel helada.
Estaban a tan solo unos 160 kilómetros para llegar a tierra firme, una distancia insalvable. Habían quedado paralizados por el hielo a sólo un día de navegación de su destino. Años después, el meteorólogo de la expedición, Leonard Hussey, recordó: el 14 de febrero de 1915 la temperatura bajó de repente, de 8 a 28 grados bajo cero, todo el mar se heló y nosotros nos helamos con él.
Cerca de su destino, la tripulación y el barco quedaron atascados durante mucho más tiempo del que podrían imaginarse. Al principio, hicieron grandes esfuerzos por liberar el barco, llegando, incluso, a picar el hielo sin descanso, durante varios días, intentando alcanzar el mar abierto, pero se vieron obligados a abandonar esta hercúlea apuesta por lograr la libertad del buque.
Cerca de su destino, la tripulación y el barco quedaron atascados durante mucho más tiempo del que podrían imaginarse. Al principio, hicieron grandes esfuerzos por liberar el barco, llegando, incluso, a picar el hielo sin descanso, durante varios días, intentando alcanzar el mar abierto, pero se vieron obligados a abandonar esta hercúlea apuesta por lograr la libertad del buque.
Frank Hurley, quien filmó aquella agotadora lucha, escribió en su diario: todos los hombres trabajaron hasta medianoche, cuando se hizo una medición de los dos tercios restantes, lamentándolo, se decidió abandonar la tarea porque el resto del hielo era impracticable”. A partir de ahí, sólo quedaba esperar a que llegara el próximo verano austral, mientras tanto, no había ningún lugar al que ir.
Ajenos a un mundo en el que se estaba librando la Primera Guerra Mundial y los muertos comenzaban a contarse por millones, aquel barco encallado se convirtió en refugio y la tripulación se dedicó a su mantenimiento, era como un hotel flotante a la deriva.
Los hombres de Shackleton se mantuvieron ocupados con tareas de supervivencia, recogiendo nieve, colaborando con Robert Clarck, el biólogo del grupo, en sus estudios de los fondos marinos o cazando focas y pingüinos con los que alimentarse, algo que, a la larga, les salvó la vida y les libró de sufrir escorbuto.
Los meses iban pasando y con ellos llegó la desolación de las noches polares con sus interminables días sin sol sumidos en la más absoluta y gélida oscuridad.
Shackleton, conocedor de la historia de la exploración polar, donde algunas desavenencias condujeron a resultados, sabía que sólo tendrían alguna posibilidad de salir de todo aquello si conseguía mantener a su equipo unido. Su liderazgo fue crucial para todos, para ello, impuso un sistema de tareas imprescindibles repartidas sin distinción de rangos, en las que él mismo participaba.
Y, a pesar del sufrimiento, también había tiempo para la diversión; dedicaban ratos a la lectura, a representaciones teatrales, conciertos de gramófono e, incluso, se jugaron partidos de fútbol sobre el hielo.
Aprisionado por el abrazo del hielo, el Endurance estaba condenado. Casi un año después de su naufragio, el 27 de octubre de 1915, la tripulación se vio obligada a abandonarlo, teniendo que sobrevivir a la intemperie, sin la seguridad que el barco les había otorgado durante meses.
Fue entonces cuando abandonaron cualquier idea de cumplir con la misión que les llevó al viaje, siendo la supervivencia en el desierto helado se convirtió en el verdadero objetivo. Aquel mundo polar en el que ahora vivían no era tierra firme, sino que se trataba de una fina corteza de hielo que seguía navegando y agrietándose bajo sus pies y sobre el profundo Océano Antártico. Finalmente, ante la mirada consternada de la tripulación, el mar acabó tragándose aquel amasijo que les había llevado hasta allí.
Se perdió casi todo el equipo que llevaban con ellos y la posibilidad de morir sobre aquel lugar ajeno al resto del planeta, se convirtió en una realidad, pues todos sabían que, en un mundo en guerra, nadie se acordaría ya de ellos. Pero Shackleton, siempre acompañado por un espíritu optimista, animando al grupo en la certera posibilidad de que llegarían a casa”.
Muchos fueron los intentos, ideados por Worsley y por Shackleton, de acercarse al océano, entre ellos varias tentativas de transportar los pesados botes a través del hielo ondulante hasta el mar, pero las corrientes eran más fuertes y les hacían desandar el camino. Finalmente, decidieron esperar a que el hielo los llevara hasta aguas abiertas y establecieron un nuevo hogar llamado “Campamento Paciencia”.
Las condiciones de vida sobre el hielo son miserables y los expedicionarios tuvieron que soportar todo tipo de penuria inimaginables, incluso, se vieron obligados a sacrificar a a una gata que llevaban como mascota y a los sesenta y nueve perros de tiro para los trineos, para poder alimentarse, y que se habían convertido en verdaderos hermanos y compañeros de infortunio.
Me tocó a mí hacerlo y fue el peor trabajo de mi vida. He conocido a muchos hombres a los que dispararía antes que al peor de esos perros, se lamentaría Frank Wild. Pero Shackleton, que se mantenía optimista y esperanzado, antepuso la vida de sus hombres a cualquier otra cosa: si no podía cruzar el continente, al menos, los llevaría de vuelta a casa. sanos y salvos.
Al aumentar la temperatura, los témpanos sobre los que vivían comenzaron a hacerse más finos y, con ello, más inestables. Fue entonces cuando, en abril de 1916, Shackleton dio la orden de subirse a las barcas y navegar hasta alguna de las islas más cercanas.
Como quiera que al afrontar todos los peligros del hielo, tocaba enfrentarse a los del mar, comenzando, así, una durísima y accidentada travesía de siete días hasta Isla Elefante, a más de 550 kilómetros del lugar en el que se había hundido el Endurance.
Finalmente, tras 497 días, pudieron volver a sentir qué era dormir y comer sobre la solidez de tierra firme. Shackleton había conseguido el primero de sus objetivos, que todos sus hombres volviesen con vida a pisar un suelo seguro y que no estuviese hecho de hielo.
A pesar de encontrarse, por fin, en tierra, seguían aislados y necesitaban salir de allí. Nadie vendría a buscarlos hasta Isla Elefante, por lo que tenían que ir a buscar ellos mismos la ayuda y la opción más plausible era intentar alcanzar, de nuevo, las islas Georgias del Sur, a casi 1300 kilómetros de distancia.
La tripulación estaba en un terrible estado físico, de salud, y Shackleton decidió tomar tan solo uno de los botes, en él viajarán seis hombres, entre los que se encontraban él mismo y Worsley. Por delante, tenían el océano más peligroso del mundo y la esperanza de los 22 hombres que se quedaban en la playa, con Wild al mando.
Con una temperatura que rozaba los veinte grados bajo cero y constantemente mojados, pasaron dieciséis días remando entre inmensos icebergs y peligrosas mareas. Shackleton cuidaba de los hombres, mientras que el talento como navegante de Worsley los llevó hasta la costa oeste de Georgia del Sur. Sin embargo, esa zona se encontraba deshabitada y las instalaciones balleneras estaban en la costa norte de la isla, por lo que, incapaces de volver a enfrentarse al mar, Shackleton, sin apenas experiencia montañera, decidió que él, Worsley y otro de sus hombres cruzarían el laberinto de glaciares y precipicios que daban forma al interior de la isla.
Con una temperatura que rozaba los veinte grados bajo cero y constantemente mojados, pasaron dieciséis días remando entre inmensos icebergs y peligrosas mareas. Shackleton cuidaba de los hombres, mientras que el talento como navegante de Worsley los llevó hasta la costa oeste de Georgia del Sur. Sin embargo, esa zona se encontraba deshabitada y las instalaciones balleneras estaban en la costa norte de la isla, por lo que, incapaces de volver a enfrentarse al mar, Shackleton, sin apenas experiencia montañera, decidió que él, Worsley y otro de sus hombres cruzarían el laberinto de glaciares y precipicios que daban forma al interior de la isla.
El 20 de mayo de 1916, el silbato de una instalación ballenera fue el primer sonido del mundo exterior que oyeron. A las tres de la tarde del mismo día, pusieron un pie en el puerto de Stromness. Habían pasado veintiún meses desde que el Endurance se había perdido en la Antártida.
Fue el propio explorador quien se encargó de organizar la partida de rescate de los hombres que aún quedaban en Isla Elefante. Tras varios intentos fallidos, y con ayuda del gobierno chileno, lograron el objetivo.
El 20 de agosto de 1917, uno de los náufragos de Isla Elefante avisó al resto de que veía un buque en la distancia. Era Shackleton. Contra todo pronóstico estaban todos vivos y pudieron regresar a una Gran Bretaña que poco o nada se parecía ya a la patria que habían dejado dos años antes. Algo similar a lo que ocurría con ellos mismos.
A los 107 años de su hundimiento encuentran en la Antártica al buque explorador “Endurance”
El pasado fin de semana se realizó un importante hallazgo en la Antártica, luego de que un grupo de científicos encontraran al buque explorador “Endurance”, nave cuyo paradero era desconocido tras su hundimiento hace 107 años.
El pasado fin de semana se realizó un importante hallazgo en la Antártica, luego de que un grupo de científicos encontraran al buque explorador “Endurance”, nave cuyo paradero era desconocido tras su hundimiento hace 107 años.
Este barco, pertenecía al reconocido explorador Sir Ernest Shackleton, quien junto a su tripulación, lograron escapar en pequeñas embarcaciones el año 1915, cuando la nave se hundió luego de ser aplastada por el hielo de la Antártica.
Los investigadores encontraron al buque en perfectas condiciones, a tres kilómetros de profundidad en el Mar de Weddell, según comunicado de la BBC. El geógrafo polar y líder la misión, Dr. John Shears, señaló:
El descubrimiento de los restos del naufragio es un logro increíble. Se ha completado con éxito la búsqueda de naufragios más difícil del mundo, luchando contra el hielo marino en constante cambio, ventiscas y temperaturas que caen a 18 grados bajo cero. Hemos logrado lo que mucha gente dijo que era imposible, destacó el científico.
El descubrimiento de los restos del naufragio es un logro increíble. Se ha completado con éxito la búsqueda de naufragios más difícil del mundo, luchando contra el hielo marino en constante cambio, ventiscas y temperaturas que caen a 18 grados bajo cero. Hemos logrado lo que mucha gente dijo que era imposible, destacó el científico.
Asimismo, el arqueólogo marino e integrante del equipo, Mensun Bound, manifestó que este es el mejor naufragio de un buque de madera que he visto en mi vida. Está erguido y orgulloso en el lecho marino, intacto y en un estado de conservación excelente.
La búsqueda de la nave costó diez millones de dólares, abarcando un área de más de 200 kilómetros cuadrados. Para encontrarlo, utilizaron el rompehielos sudafricano “Agulhas II”, y operado a distancia con equipos sumergibles.
Para ver un reportaje de Shackleton y la expedición. Picar aquí
Para ver un reportaje del descubrimiento del naufragio. Picar aquí
Ver algunas fotos de la expedición a continuación:









































